Muchos peligros se evitan con un gesto sencillo: ponerte el casco, abrocharte el cinturón o lavarte las manos antes de comer. En el primer juego lees qué puede pasar y eliges lo que te protege; en el segundo unes cada revisión del pediatra con lo que comprueba. Truco: fíjate en QUÉ puede hacerte daño en cada situación, porque cada protección sirve para un riesgo distinto.