El miedo, la tristeza y la ira no son emociones malas: cada una tiene una misión. En el primer juego lees lo que pasa y eliges qué sentirías; al acertar, la cara del niño lo muestra. En el segundo eliges qué te ayudaría a sentirte mejor. Truco: pregúntate qué está pasando. ¿Hay un peligro, has perdido algo o es algo injusto?